Decía el escritor británico Gilbert Keith Chesterton que “hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”

Y es que hay ocasiones en la vida en las que las oportunidades pasan por delante inesperadamente, como si en un día lluvioso de otoño, en el que corres sobre las hojas caídas para escapar de la lluvia, en un campo cualquiera, apareciera, de repente, un tren sin ninguna vía cerca.

Con esa estética victoriana, bien podría ser el inicio de una apasionante historia de Sir Arthur Conan Doyle en la que Sherlock y el Dr. Watson tuvieran que desentrañar el increíble misterio detrás del enigmático tren. Sin embargo, es más terrenal, más cercano, más personal, ya que es así como me sentí cuando me comentaron la posibilidad de escribir en Sillonbol.

Algunos quizás estaréis pensando: “ni que le hubieran ofrecido escribir en el Marca o el AS”. Cierto, la repercusión no es ni parecida.(1) Sin embargo, siento más ilusión y responsabilidad.

  • Ilusión porque me lo ha ofrecido quien me conoce porque cree que puedo hacerlo bien -sí, el mundo está lleno de inconscientes-. Y que aquellos a los que lees con admiración, por el enfoque que dan a sus artículos, te quieran a su lado, para mi, es algo que no tiene precio.
  • Responsabilidad porque siento un profundo respeto por la filosofía de la casa. La calidad sobre la cantidad. El análisis sosegado y alternativo -incluso en los deportes a tratar- frente a la mera propaganda e intención de vender.

Y es que, por desgracia, el tratamiento informativo de los deportes no suele destacar por la calidad. En muchos casos parecen, parafraseando la expresión de Guy Montag en Fahrenheit 451, una farfullante pandilla de simios que no dicen nada, y lo dicen a voz en grito. Y sin embargo, tienen cierto éxito -dentro de la lógica e imparable decadencia de los medios de comunicación tradicionales-. Quien sabe si por ausencia de alternativa o porque, como dice Santiago Segurola en “Héroes de nuestro tiempo”, somos “un país mas inclinado a vivir las emociones del juego que a pensar sobre él.”

No voy a hacer las típicas crónicas al uso, porque eso no aportaría nada nuevo, lo hacen en todos los medios convencionales. Y además, no iría con mi forma de entender la escritura. Por eso intentaré aportar un enfoque diferente, alternativo, anticonvencional. Una mezcla de deporte, filosofía y storytelling. Porque, al fin y al cabo, la vida está compuesta de pequeñas historias, y el deporte son historias de otros que influyen en nuestra vida.

Quizás ya os hayáis dado cuenta, pero este proyecto me parece una idea novedosa y apasionante. Los que no tenemos gustos “mainstream” ni nos resignamos a aceptar aquello que nos venden -en muchas ocasiones mediocre- debemos estar agradecido a tantos emprendedores/innovadores que deciden arriesgar por aportar algo diferente. Porque hay un reto importante detrás de cada iniciativa rompedora: te equivocarás, perderás el tiempo y te dirán: “ves, ya lo decía yo”. Culturalmente no toleramos el fracaso. Nos han entrenado para encajar en el grupo, para no sobresalir, y la manera más fácil de hacerlo es no tomar la iniciativa. No sobresalgas, o te cortarán. Y con miedo a fracasar ni se toman riesgos ni hay éxitos. Por eso ser emprendedor es tan valioso, porque es un riesgo necesario.

En definitiva, al estilo Florentino, y con toda la pompa de las grandes ocasiones: hay figuras que han nacido para escribir en Sillonbol… Y luego estamos los que, como yo, aporreamos teclados y se nos da la oportunidad de, aún así, jugar en primera.

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Lo lleva atado al pie, como una luna atada al flanco de un jinete,

lo juega sin saber que juega el sentimiento de una muchedumbre,

y le pega tan suave, tan corto, tan bello,

que el balón es palomo de comba en el vuelo,

y lo toca tan justo, tan leve, tan quedo,

que lo limpia de barro y lo cuelga del cielo,

¡y se estremece la gente, y lo ovaciona la gente!

 

Lo lleva unido al pie, como un equilibrista unido va a la muerte,

lo esconde –no se ve–, le infunde magia y vida y luego lo devuelve,

y se escapa, lo engaña, lo deja, lo quiere,

y el balón le persigue, le cela, le hiere,

y se juntan y danzan y grita la gente,

y se abrazan y ruedan por entre las redes,

¡y se estremece la gente, y lo ovaciona la gente!

 

(1) En realidad estaba pensando: “por favor, no mencionéis esa bazofia”.

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