A lo largo de la semana pasada hemos vivido una polémica en torno al reparto de los derechos de TV en el fútbol y la desigualdad que crea entre los equipos de nuestra Liga. Cientos de miles de ciudadanos indignados porque es un reparto injusto, porque los equipos pequeños deberían plantarse, porque “esta liga es una mierda”. Lo describe perfectamente Rubén Uría:

Los intereses de los equipos se respetan en función de su estrato social, en un régimen de castas donde Madrid y Barça no son precisamente los parias.

La LFP es especialista en llenarse la boca de sus derechos y en escurrir el bulto cuando se trata de cumplir con sus obligaciones. Exige más dinero de las quinielas, mientras que sus asociados siguen sin pagar a Hacienda.

Madridistas y culés no sólo no se rebajarán el dinero que ya ganan sino que pretenden ingresar todavía más. Es decir, el 35% de los ingresos (fijos y con independencia de clasificaciones o audiencias), unos 157.5 millones para cada uno. En el segundo escalón asomarían, Atlético y Valencia, que se llevarían el 11% y que, de manera sorprendente, apoyan a los dos grandes. ¿El motivo? Conservar su distancia económica con respecto a otros equipos de “su” Liga, es decir, Villarreal, Athletic, Sevilla y demás. Gil Marín, encantado de haberse conocido en la asunción de su papel de meretriz agradecida con Madrid y Barça, comulga con un reparto donde el Atlético, como el Valencia, podría tener un papel clave para forzar una propuesta mucho más justa. ¿El resto? Sporting, Málaga, Betis, Getafe, Osasuna, Granada y demás, tampoco alzan la voz. Su situación de ahogo permanente (Ley Concursal, impagos, deudas con Agencia Tributaria) y sus penurias económicas (hay que cuadrar el presupuesto) les condena a ser la última rebanada del pan Bimbo, esa que no vale para nada. Están obligados a conformarse. Pan para hoy, hambre para mañana.

Si todo sigue como hasta ahora, ambos se aseguran no sólo participar siempre en Champions sino que también tienen la capacidad de, con esa plusvalía de los derechos de TV, poder debilitar al resto fichando a sus mejores jugadores.

Modelo inglés.

Un 25% del dinero de las televisiones corresponde a criterios de clasificación (el último, West Ham, percibió 850.000 €, mientras que el campeón, el Manchester United, percibió 17 millones, una cantidad 20 veces mayor. Un criterio de reparto que premia a los equipos medianos que hacen grandes temporadas (Fulham, octavo, 11 millones €) y que también penaliza a los grandes que han pasado un mal año (Newcastle, duodécimo, sólo obtuvo 8 ‘kilos’). En España, faltaría más, esto no pasa. Sea campeón o undécimo, el Madrid cobra siempre 140-150. Y el Barça, también. Pero en cambio, si el Espanyol hace una temporada de escándalo y acaba tercero, no tiene derecho a ingresar mucho más del dinero que hubiera pactado en su contrato individual a comienzo de temporada. Así de triste.

Hay más. Hablemos de audiencias, que es por la que pagan morteradas las televisiones. En la Premier, el 25% del dinero que se reparte entre los clubes se distribuye en consonancia con el número de partidos que la televisión ofreció. Cada club recibe 550.000 € por cada encuentro y el número de partidos a retransmitir varía entre un mínimo de 10 y un máximo de 26. En España, por supuesto, esto no existe.

Reparto de los derechos de TV en España, Inglaterra y Francia

Parece que todo el mundo está de acuerdo en que Barcelona y Real Madrid, Real Madrid y Barcelona –tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando- deberían aceptar un modelo más parecido al inglés y redistribuir la riqueza que generan los derechos de TV. Y a mí me suena increíble, la verdad. Increíble porque estamos volviéndonos locos por la redistribución de riqueza entre 20 equipos de futbol y a nadie le importa la redistribución de riqueza entre 45 millones de españoles.

España es uno de los estados menos redistributivos de la UE. Para analizar esto tiene especial interés considerar los índices de pobreza antes y después de las trasferencias sociales. La diferencia entre un porcentaje y otro mide la intensidad de la política social del Estado.

(Nota: La consideración de pobre o no se hace para unidades familiares, no para ciudadanos, tras aplicar una fórmula. En un país se podría ser pobre con 1000 euros mensuales y en otro no serlo con 500, ya que se tienen en cuenta las condiciones particulares de cada país)

Porcentajes de pobreza en la UE en 2009

El porcentaje de pobres en nuestro país no difiere sustancialmente de la media de la UE, incluso está por debajo -24.4% frente a 25.1%-, si el porcentaje que se considera es antes de las trasferencias sociales; pero la situación cambia después. La media europea entonces se sitúa en el 16.3% y España, en el 19.5%. Mientras reducimos sólo 4.9 puntos, Dinamarca pasa de 31.2% a 13.1%, esto es, una disminución de 18.1 puntos.

La conclusión es clara: tenemos una política social insuficiente.

Obviamente, todo esto, en el fondo, es una cuestión de dinero. Nuestros vecinos del norte de Europa no es solo que ingresen más que nosotros, sino que también influye de quien lo ingresan y el uso que le dan. Hablando de fútbol, la analogía es obvia, no importa solo los fichajes que hagas, sino a quien se los quitaste y el uso que luego hagas de ellos.

El estado español ingresa poco en impuestos y los que menos tienen pagan en proporción más de lo que deberían. ¿Y qué reciben a cambio de esa contribución? Pues poca inversión en políticas sociales en comparación con nuestros vecinos, y encima muchas quejas de que se gasta demasiado.

Necesitamos un aumento de la inversión pública –que no gastar por gastar, ojo- que permita sustituir la demanda que se ha perdido, estimular la economía y crear empleo. ¿Inversión pública? Sí. ¿De dónde sacamos el dinero? Pues de dos sitios básicos: impuestos y eliminación del fraude. Una presión fiscal como la media de la UE, combinada con una eliminación del fraude que nos llevara a las tasas medias de la UE, supondrían unos 125.000 millones anuales. El sistema sanitario que muchos ven como insostenible nos cuesta 65.000 millones. No es una cuestión de que no haya dinero, sino de que no hay voluntad política de hacer las cosas bien. Así de sencillo.

Más políticas sociales, más presión fiscal, menos fraude y más eficiencia en la inversión pública. Esas son las claves. Pero claro, lo importante es el fútbol. O en su defecto, Belén Esteban.

PD. El post tiene otra mitad que trata, principalmente, de los impuestos. Era infumable todo en uno, asi que a lo largo de la semana subiré la otra mitad.