Firma Invitada: Hooligans del Rosario

On 22 agosto, 2011, in Firma Invitada, by rober

En ocasiones, habrá entradas de “Firma Invitada”(*), esto es, redactadas por otras personas con contenido que sea considerado de valor añadido, original o relevante. Para ver mi opinión sobre el tema, os remito al post de ayer: “Iglesia y Estado”.

Rafa es madrileño y amigo desde hace muchos años.

Ayer se marchó el Papa de Madrid. Un alivio para una gran parte de los madrileños que esta semana hemos sufrido las desventuras de este gran grupo de fanáticos religiosos. O no tan religiosos, que aunque muchos vienen “voluntarios” por sus colegios y otros menesteres -a los que nadie obliga a ir, salvo sus progenitores, por otra parte-, otros tantos se los toman como unas vacaciones financiadas por la Iglesia, y por lo que no es la Iglesia.

En estos días hemos padecido gran parte de las molestias que, por una parte, se atribuyen como normales al juntarse tanta gente -pero que no lo atribuyeron en otros casos, sin embargo- y que por otra hemos visto como faltas de educación y civismo. Pero qué se puede esperar de una de las religiones más intolerantes que se conocen, con una doble moral que, en ocasiones, roza lo absurdo.

Dejaré un poco de lado lo que cuestan estas jornadas, que creo que ya hay mucha gente que habla de ello, tocando sólo lo que he visto en primera persona. Muy recomendable es este post, en el que se argumentan los gastos.

Apuntar por otro lado la rectificación de la a veces heroína e inmortal y otras simple lideresa sobre la sanidad, en lo que iba a ser un gratis total (lo que es gratis para unos lo pagan los impuestos de otro, cabe recordar). Porque si después de noticias como esta, resulta que encima les sale gratis, es como para mirárselo.

Y pensar que todos estos van a dejar dinero en Madrid, vistas las expectativas de la última visita del papa a Santiago y Barcelona, es cuanto menos una utopía. Y más cuando por ver el Barça-Madrid del pasado miércoles he visto a algún grupo beber una única cerveza entre 6. Vaya, haciendo gasto, ¡a lo loco!. Las cafeterías que ofrecen el menú del peregrino lo hacen a título individual, y sin ningún tipo de remuneración, sólo asegurarse que los peregrinos comerán en las mismas a cambio de un precio más bajo. Voluntarios que pagan por trabajar (10€), gente que aloja a peregrinos pagando (250€/peregrino), inscripciones de 45 a 133€ por manifestar su fe. Cifras que sorprenden. Pagar por ayudar. Inaudito.

Un buen amigo dice que se sorprende de que haya tanta gente que viene a ver al representante de Dios, y lo compara con el representante de Lady Gaga, cuyo discurso vendría a ser algo como: “Lady Gaga dice que moláis mucho!!!”. Y las masas enfurecidas se volverían locas a su paso. Pa-pa-pa Pokerface!!! Y como telonero Rouco Varela, que es el segundo del cartel, porque él lo vale. Los hooligans del rosario les vitorearían como si fueran estrellas del rock. O sus representantes, lo mismo da.

Como no podía ser de otra forma, todos los altares y demás, diseñados por el arquitecto numerario del opus Ignacio Vicens (que no lo digo yo, lo dice la tele), que señalado a dedo, lleva diseñando altares desde tiempos inmemoriales. Vale no, sólo desde el 82. Quizá se les olvidó cierta mención acerca de su puesto como catedrático y sus tendencias sexuales. Pero oye, que es del Opus y hace lo que quiere,  porque para él las siglas CTE significan poco; pero vaya usted a hacerse entrevistas a la tele, que le subirá el ego.

Cuando uno piensa en un católico cantando, le viene a la mente un coro con voz angelical y canciones al Señor, pero cuando uno entra en el metro y escucha a varios grupos de las JMJ lo que le viene a la mente es más bien un berrido de ovejas descompasadas cantando canciones como las de Shakira y sangrándote los oídos. No son muy diferentes de las que se sufren cualquier sábado noche por grupos de botelloneros en el metro intentando desanimar a sus compañeros de vagón. Incluso cantan en los autobuses mientras el conductor intenta subir el volumen de la radio para que el resto de pasajeros no se tire en marcha. De agradecer que algunos de mis queridos conductores de la “blasa”, después de unas jornadas intensas aguantando lo inaguantable, nos brinden con alguna canción de Metallica (mis conciudadanos de Alcorcón y Móstoles saben de lo que les hablo).

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Incluso algunas se inclinan a hacer coreografías, véase vídeo anterior. Porque gritar lo que haga falta, amén de entorpecer el paso en el andén. Incluso a riesgo de golpearse con el tren y molestar al conductor, le hacen la ola. Todo esto ante la total impunidad de los guardias de seguridad y autoridades competentes. Porque Madrid estos días ha sido el coto privado de caza de las JMJ, les han hecho dueños de la ciudad, y allí donde antes había amonestaciones y sanciones, ha habido carta blanca para todo. Si en un centro comercial no te dejan sentarte en el suelo, o fuera de las mesas de restauración para descansar o comer, los jóvenes cristianos han dispuesto de avenidas, pasillos, puertas… Y ningún guarda ha dicho ni mu. Si cruzaban en semáforos en rojo o destrozaban parques y jardines, los policías miraban para otro lado, y mientras cruzan en rojo, pues si eres un sufrido conductor, a esperar tocan, no vaya a ser que atropelles a uno y te acusen de fanático antipapa. La actuación de policías atacando a los que hacen manifestaciones autorizadas (por mucho que las autorizaciones las haya dado un loco) en vez de a los que les increpan, ha sido ampliamente comentada, pero bueno, esto se podría incluir como una más de tantas afrentas que hemos visto en Madrid desde el 15M. Mientras, vemos como dejan libre al tipo que pretendía atentar contra la manifestación. El mundo al revés.

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En el metro, este tipo de actuaciones se han prodigado en exceso. El primer día que les vi, esperé a que se abrieran las puertas del metro, y el guía (porque cada rebaño llevaba un pastor) les gritó, puso una mano delante de mis narices para expresarme claramente que debía esperar (y lo iba a hacer, pues siempre lo hago) y cual guardia de tráfico los guió en fila india hasta la salida, tan sólo por una de las cuatro puertas que comprende el vagón, porque el pastor lo había ordenado. No hubo mayor problema, una vez salieron todos, entramos el resto y santas pascuas. El proceso, un tanto engorroso, pero al fin y al cabo, ordenado. Pues bien, fue la única muestra de orden que vi entrando en un vagón.

Les he visto entrar al metro empujando a pesar de que la capacidad del vagón era suficiente; y arrinconar a los viajeros con tal de no deshacer el grupo base. Entran como una masa indeformable y como tal salen. Si para dejar salir a alguien tienen una mínima fisura, no lo hacen, y la gente se desloma contra las paredes del vagón si la salida es su destino. Cuando llegan a la puerta, pueden descubrir que al otro lado hay un corro en semicírculo de tres o cuatro filas intentando entrar, y que como se les debe olvidar dejar salir, o deben pensar que eres Moisés abriendo las aguas, varios han tenido que alcanzar las escaleras a codazos.

Entrar a los vagones del metro no es tarea fácil tampoco. Es posible que estés tranquilamente en el andén cuando un tipo del JMJ decide poner una mano sobre la puerta y andar acompañándola mientras el tren va frenando, y te arrolla con tren incluido. Han golpeado puertas y trenes con impaciencia. He escuchado incluso la versión francesa de “el que no pite no pasa” en la puerta de un vagón, delante de otro grupo de JMJ y 3 pasajeros más, y no dejarles entrar. Y es que el respeto y la educación, en ocasiones, han brillado por su ausencia. Incluso he visto como tres descerebrados corrían a sentarse mientras una embarazada entraba en el tren con ellos, y que un viajero ajeno a toda esta parafernalia sea quien amablemente le ceda su sitio. Saltarse colas en autobuses está justificado siempre, porque el grupo es el grupo, y si somos 30, por mucho que hayamos llegado 10 minutos después, debemos entrar antes; y mientras, la acera es nuestra, y si quieres pasar pues ya sabes: el que no pite no pasa.

Lo de la limpieza es también para mirárselo, tantas quejas con lo que olían los “perroflautas” de Sol, con la suciedad, con la basura… Ahora resulta que la suciedad del JMJ es solo porque son muchos y las concentraciones de gente producen mucha basura (los perroflautas eran 4 gatos, no lo olvidemos). Uno, que les ha visto -y olido-, ha encontrado de todo; pero el olor a chotuno es lo más característico, porque en colegios y demás no sé si les habrán habilitado duchas, pero el olor invita a la idea contraria. Y lo del desodorante, es para mirárselo, ciertamente. Sobre todo es de locos venir a Madrid a mediados de agosto con sotana larga, sandalias, y… calcetines de lana. Vaya, lo mejor para el sudor; el hábito ante todo. Como vestir botas y calcetines de lana hasta la rodilla, eso sí, con pantalón corto, no vayan a pasar calor. Lo importante es parecer un boy scout de 40 años. El olor, para los demás, claro está. Y la ropa ya se encargaron de tenderla en los colegios, como si fuera un poblado de chabolas, pero supongo que para airear la ropa, porque sucia seguía estando. La invasión de las mochilas amarillas, rojas y naranjas de los cristo freaks ha sido aderezada con hábitos religiosos y vestuario variado, aunque alguna de las prendas más utilizadas son la camiseta amarilla, el gorro australiano y el abanico que regalaban con la inscripción (entre otras cosas).

Con todo esto, hay algunos que creían que estaban en una love parade y lo han acompañado con gafas de leds y artículos variados como pistolas de agua. Y puestos a evitar el calor, pues deciden disparar las pistolitas en el metro, a todo el mundo, aunque no se lo pidan, aunque estén leyendo un libro. Todo vale, viva la fiesta. Porque como indiqué anteriormente, muchos venían de fiesta más que a adorar al representante de Dios. Por Madrid se han visto varios botellones, a pesar de que están prohibidos, pero claro, ciertas fuerzas de seguridad miraban para otro lado, aunque se hagan en plazas tan céntricas como Plaza de España, aunque se mee en las fuentes. Y es que no todos los JMJ son abstemios, y verles por la calle es una gran muestra de ello.

La suciedad se ha prodigado también por las calles, por mucho que se diga lo limpios que eran estos chicos. En el metro tampoco tuvieron compasión. Rara vez he visto yo a alguien tirar algo en un vagón antes de estas jornadas, y en unos días he visto a algún grupo que otro dejar vasos de café y bolsas de comida, que acabaron rodando por todo el tren, como es obvio. Eso sí, ellos nunca acumulan basura.

El final de estas jornadas se ha visto empañado con una gran tormenta que cayó sobre Madrid y que interrumpió las palabras del papa. Oh, ¡al fin una señal divina!. O el principio del apocalipsis. O el resultado de tanto berrido, que también puede ser. Aunque vistas las palabras de hoy del papa, se agradece la tormenta. “No se puede seguir a Jesús en solitario” apunta este individuo, que bien sabe cómo velar por su empresa, por su secta. Por fortuna, hay cristianos fuera de esta Iglesia, y gente fuera de todo este espectáculo patético y caro de reevangelización.

Disfruten de lo rezado.

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