Renovación en la política

On 21 septiembre, 2011, in Política y Sociedad, by rober

Renovar en su 5ª acepción significa: “dar nueva energía a algo, transformarlo.”

La “Ley de la disrupción” establece que la sociedad, la política y la economía evolucionan de forma progresiva, mientras que la tecnología lo hace exponencialmente. Y actualmente, como muestra la gráfica, la tecnología está arrastrando a la sociedad mientras la política se queda atrás. La incapacidad de muchos políticos para evolucionar a la par que lo hace la sociedad está en la base de la desafección actual con la política. Y ahí entra la necesidad de renovación. No hablamos de edades, sino de mentalidades. No hablamos de experiencia, sino de capacidad. Nuevos tiempos, nuevas políticas. Se impone la innovación o la desaparición.

En el mundo de la empresa, hay quienes no innovan porque ganan suficiente. Quizás ese sea también el problema en política. ¿Para qué innovar si tu puesto está seguro? Pero hemos llegado al momento en que esos puestos han dejado de estarlo.

Vivimos un momento de cambios drásticos, capaz de desbaratar sectores enteros. Y es un cambio que ha llegado para quedarse. La evolución tecnológica en los últimos 10 años ha sido espectacular. Las redes sociales apenas tienen un lustro. Lo que hace 10 años era vanguardia hoy no existe. Y cada año la evolución es más y más rápida. No vivimos en un mundo con velocidad, vivimos en un mundo con aceleración.

Las organizaciones políticas, la política en sí misma, debe adaptarse a un mundo que cambia. No tiene sentido si no aporta soluciones a los problemas de la sociedad. Y para eso, cada vez más, será necesario que su evolución sea más exponencial, que sea capaz de entender el presente y aplicar soluciones para el futuro.

Necesitamos evolucionar a saltos, necesitamos competir, necesitamos ser mejores. ¿Qué hace falta para ser mejores? Capacidades: talento, innovación, creatividad. Venimos de un mundo de conocimientos y vamos hacia uno de capacidades. La experiencia pierde vigor cuando los cambios son tan rápidos; se hacen necesarias la agilidad en la toma de decisiones, la proactividad, la responsabilidad, la visión: hay que saber hacia dónde vamos; hay que adelantarse a los acontecimientos, preverlos, no esperarlos; hay que liderar, no ir a remolque de las situaciones.

¡Y los hechos! Los hechos son fundamentales. Para decir “no somos lo mismo”, hay que demostrar que es verdad. El tiempo en que la sociedad creía las palabras sin importar los hechos es, cada vez más, parte del pasado.

Las ideas son eternas, los partidos no. O comienzan a aportar soluciones a las demandas de la ciudadanía –transparencia, honradez, eficiencia…- o la ciudadanía les dará la espalda. Aún más, quiero decir, porque su credibilidad está bajo mínimos y seguirá cayendo.

Tienen dos opciones: adaptarse o morir. O evolucionan o aparecerá, tarde o temprano, un partido que ofrezca lo que la sociedad exige, y si llega ese día, los partidos tradicionales, anclados en estructuras piramidales arcaicas e ineficientes, y en formas de entender la sociedad y la política completamente anacrónicas, desaparecerán. Así de sencillo. El primero que se de cuenta, hundirá a la “competencia”.

Quien crea que cualquier partido –o empresa- puede durar para siempre sin adaptarse, quizás necesite un esclavo susurrándole al oído respice post te, hominem te esse memento” -mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre-.

Y si los que están no son capaces de aportar todo esto, no son capaces de renovar eligiendo a los mejores, habrá que recurrir a otras generaciones que entiendan los cambios sociales actuales porque se han criado con ellos.

Renovación, adaptación, cambio generacional: la historia de la vida, la historia de la humanidad.

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