¿Austeridad y bajadas de impuestos?

On 8 septiembre, 2011, in Política y Sociedad, by rober

Como dije el otro día en el post Fútbol y economía: el reparto del dinero, había otra mitad dedicada a los impuestos que viene a complementar lo mencionado sobre la redistribución de la riqueza.

La derecha española –política, económica, mediática e ideológica- se empeña en políticas de austeridad y bajadas de impuestos, disminuyendo así los recursos del Estado, con el objetivo de que servicios públicos como las pensiones, la sanidad o la educación sean económicamente insostenibles e ineficientes, y esto les abra el camino para su privatización total o parcial.

La austeridad y las bajadas de impuestos encajan perfectamente con la única teoría que se aceptó en estos años: que los recortes de impuestos a las grandes empresas y a los más ricos permiten generar más empleo, y con una menor tasa de impuestos pero con mayor producción, el gobierno recauda más.

En teoría suena bien. Sin embargo, en realidad, las bajadas de impuestos contribuyeron a crear el déficit que ahora se intenta resolver recortando la inversión pública. Solamente hay que ver la evolución de la deuda de EE.UU.

En un excelente artículo del New York Times, Christina Romer, Doctora en Economía por el MIT y Catedrática de Economía en la Universidad de Berkeley, explica:

Insisten en que impuestos más altos amenazarían nuestra frágil recuperación económica y harían daño a largo plazo, en que es mejor recortar gasto. […] La visión anti-impuestos no se sostiene ante las evidencias económicas. Tanto los aumentos de impuestos como los recortes en el gasto tenderán a ralentizar la economía a corto plazo, pero los recortes la ralentizarán aún más. A largo plazo, es muy probable que los aumentos de impuestos hagan menos daño al crecimiento económico y a la productividad que los recortes en inversión pública. […] Aumentar los impuestos a los ricos es menos probable que reduzca la demanda y aumente el desempleo. […] Las inversiones públicas en investigación científica, educación e infraestructuras, por otra parte, contribuyen a aumentar la productividad. La conclusión es que los aumentos de impuestos deben ser parte de unos presupuestos exhaustivos y completos.

El modelo económico imperante ha beneficiado al 1% más rico, ha disminuido la riqueza de las clases medias y ha conducido a la miseria a los más pobres. Mientras ese 1% es el que se queda con el 40% de los ingresos, el resto debe vivir de prestado y endeudarse. Acumulando el dinero en manos de unos pocos, lógicamente disminuye el que va a la mayoría de la población. En lugar de repercutir en mejorar los salarios -han permanecido estancados los últimos 30 años, mientras el valor de la vivienda se multiplicó por 10  y el de los vehículos por 4-, lo hace en las rentas del capital que crecen en una proporción sin precedentes. Y que, por si fuera poco, se gravan mucho menos que las del trabajo. Es inadmisible que una persona que recibe 30.000 euros por sus acciones pague muchos menos impuestos que otra que obtiene ese dinero trabajando. En España, a las rentas de capital no se les aplica la tarifa progresiva del IRPF, sino que tributan a un tipo fijo -19% por debajo de 6.000 euros y 21% por encima-. Esta política se justifica con el argumento de que hay que mimar al capital para favorecer la inversión y crear empleo. Con más de un 20% de paro y peleando duramente en el ranking con potencias como Cabo Verde o Timor, no parece que ese sea el camino, no parece que esté dando los resultados esperados.

Todo esto da cuenta de los enormes beneficios que el modelo económico actual ha generado para los más ricos. La falta de regulación de los mercados provocó la crisis y la eliminación de la inversión en políticas sociales está condenando a millones a la miseria. Bajo la premisa de la austeridad para recuperar la economía, han encontrado la oportunidad para bajar los impuestos a los ricos y quitarles las ayudas a los pobres, para finiquitar el Estado del Bienestar.

Comenta Paul Farrell en The Wall Street Journal -la Biblia del neoliberalismo-: “La ideología económica autodestructiva de Reagan está acabando con unos pocos siglos de capitalismo en una generación.”

Pero realmente, no hace falta que lo comenten en el WSJ. Está claro que algo va muy mal cuando los ricos tienen que pedir que se les suban los impuestos. Primero fue Warren Buffet, el tercer hombre más rico del mundo, el que declaró que debían pagar más. Luego, un grupo de multimillonarios franceses. Esta semana han sido los alemanes, que sugieren elevarlos a los más ricos en un 5% para hacer ganar al estado 100.000 millones de euros. Consideran que unos puntos más de impuestos, bien utilizados, “pueden ayudar a crear el futuro”. ¿Cómo es posible? ¿No quedamos en que se les debía bajar los impuestos a los ricos si queremos que inviertan y creen puestos de trabajo? ¿Era todo mentira? Pues en parte sí. Como comenta este artículo de El País basado en el extraordinario documental Inside Job: “el sector financiero ha corrompido el estudio de la economía, un profesor puede apoyar una teoría que sea errónea”

Un ejemplo de todo esto podría ser Suecia, donde teniendo cerca de un 50% de presión fiscal la economía no se viene abajo, sino que mantienen crecimientos del PIB estables y continuados, una tasa de paro estructural mínima, una EPA de 4.96 millones -sobre 9.07-, unas exportaciones por valor de 160.000 millones -el 63% de España con un 19% de nuestra población- con empresas internacionales como Ikea, Volvo, Ericsson, Electrolux o H&M.

Presión fiscal en la UE (2005 - 2009)

Mientras media Europa se replantea su modelo fiscal para evitar que la crisis la paguen sólo los más débiles, en España, no nos atrevemos a dar ese paso. Tan pronto vamos como venimos, hablamos mucho pero no hacemos nada.

Nuestra presión fiscal es lamentable -sólo hay que ver el cuadro adjunto-. Y nuestro sistema fiscal muy probablemente peor aún. Así de sencillo. Mientras los trabajadores pagan impuestos en porcentajes similares a sus homólogos en la UE, las grandes empresas, la banca y las rentas superiores pagan impuestos en porcentajes mucho menores. ¿Consecuencia de su influencia sobre el Estado?

Hace 20 años, el tipo para las rentas más altas era del 65%. Ahora es del 47%.  Sin embargo, el porcentaje que hay que mirar no es el tipo máximo, porque en teoría los niveles no están mal, sino el efectivo: lo que de verdad pagan los más ricos de media, una vez tenidas en cuenta las desgravaciones, las ventajas fiscales y el fraude. Ahí es cuando nos damos cuenta de que los niveles reales no son progresivos.

Una persona que declarase ganar 30 millones de pesetas al año en 1993 pagó casi la mitad en impuestos: el 49,5%. En 2008, una renta equivalente pagó sólo el 30,8%: 18 puntos menos. Para alguien que en 2008 declarase ganar 600.000 euros al año, el tipo efectivo fue incluso más bajo: el 27,4%.

Y si esto parece poco, los porcentajes que pagan los ricos de verdad son inferiores, porque son muy pocas las grandes fortunas que tributan a través de la declaración de la renta. La mayoría utiliza sociedades patrimoniales o, si son aún más ricos, las SICAV o los paraísos fiscales, donde los impuestos son todavía más bajos o directamente inexistentes.

Y no solo los ricos, sino que también las empresas pagan pocos impuestos. En el año 2010 sólo pagaron en impuestos el 9,9% de sus beneficios. Y no es culpa de la crisis porque es un porcentaje sobre los beneficios, no sobre la actividad económica. En 1999, el tipo efectivo era del 22,8%. En teoría, el impuesto de sociedades en España es del 30% (el 25% para las PYMES). Pero en la práctica, las numerosas desgravaciones y las maniobras fiscales de las empresas hacen que el tipo efectivo esté por debajo de Irlanda que, con un impuesto de sociedades del 12,5%, es considerada un paraíso fiscal en la UE.

En teoría, teoría y práctica son iguales. En la práctica, dependen del dinero que tengas. España, ese país en el que autónomos y PYMES pagan más que las multinacionales, en el que los pobres pagan más que los ricos, y en el que nos tragamos lo que sale por los medios de comunicación, porque está claro que NO están al servicio de los intereses de sus dueños.

Repito las claves del otro día: más políticas sociales, más presión fiscal, menos fraude y más eficiencia en la inversión pública. Esta última enfocada, principalmente, a reducir la tasa de paro, y con ello aumentar el PIB y reducir los 30.000 millones que se gastan en prestaciones de desempleo. Necesitamos reformas profundas. Y las necesitamos ya.

Fuentes: Agencia Tributaria | Boston Consulting Group | CIA – The World Factbook | El Blog Salmón | El País | Eurostat | Ezra Klein | Fondo Monetario Internacional | Ignacio Escolar | Politikon | Público | The Economist | The New York Times | The Wall Street Journal | Think Progress | Vicenç Navarro

 

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